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Ayudar es asunto de todos

La prestación de ayuda imparcial a las poblaciones afectadas se ha convertido en un asunto de todos en este mundo post-globalizado. Esta práctica que en el siglo XX ha sido a menudo relegada a las Organizaciones No Gubernamentales Internacionales (ONGI) y a los organismos de ayuda, está ganando cada vez más actores interesados en unirse al juego de la ayuda. Durante las dos últimas décadas, ha habido un enorme crecimiento en el número de individuos, corporaciones y empresas privadas que participan en la prestación de servicios humanitarios[1].


Los desafíos también están creciendo y complejizándose simultáneamente. Las catástrofes humanitarias como los conflictos de Siria y el de Yemen, las consecuencias del cambio climático, o la situación de COVID-19 son ejemplos de la falta de reinvención del sistema que se ocupa de estas crisis e indica que debemos replantearnos sus modelos y formas de trabajo. Dos manos siempre serán mejores que una, y para seguir siendo relevante y eficiente, el sistema humanitario está requiriendo la participación de otros actores.


Especialmente ahora, durante la crisis de COVID-19, pensar en continuar este arcaico flujo vertical de ayuda parece imposible, no sólo porque reproduce modelos desiguales y neocolonialistas, algo que no es “-human(o)-itario", sino porque logísticamente hablando, sin actores locales, no puede haber ninguna respuesta efectiva real a crisis como esta pandemia.


Los organismos de ayuda reciben millones de dólares anuales, pero la eficacia y la sostenibilidad no siempre son aspectos que se sitúan en el centro de sus proyectos. En varias ocasiones, la ayuda está condicionada a priori por los intereses de los donantes, por lo que el alcance y el marco de acción y los objetivos de la ayuda terminan por ignorar a las personas afectadas por las crisis y por obedecer a intereses externos. Para que la ayuda gane independencia, la diversificación de los actores del sistema humanitario es un cambio muy positivo.


Por ejemplo, la asistencia humanitaria dirigida por los Estados Unidos en Afganistán después de 2001 no fue bien recibida por la población afgana, ya que estos no se creyeron el enfoque de la coalición de "won hearts and minds." La verdadera razón por la que necesitaban esa ayuda en primer lugar era por quién se las estaba ofreciendo. La crisis se abordó para satisfacer los "intereses estadounidenses" de tener éxito en sus operaciones militares, más que para ayudar a las personas afectadas por la crisis.


Otro ejemplo es el de China y su enfoque económico humanitario, en el que dan prioridad a la ayuda de infraestructura para la exportación en África en lugar de lo que realmente necesitan las personas afectadas por la crisis en determinados contextos. El Estado chino hace esto para asegurar la facilitación de la explotación de los recursos naturales y no para aliviar el sufrimiento de las personas en crisis. [2]


La prestación de ayuda a las poblaciones vulnerables antes, durante y después de una crisis debería convertirse cada vez más en una colaboración multisectorial en la que participen tanto el sector público como el privado. De esa manera, la solidaridad podría superar el humanitarismo wilsoniano y caritativo. Sin embargo, hay que decir que a medida que avanzamos hacia un futuro más complejo, se espera que esas colaboraciones varíen, se multipliquen y que sean imprescindibles para que los agentes humanitarios sigan siendo pertinentes.


Por ejemplo, durante la crisis del COVID-19, agentes como la Organización Mundial de la Salud y la Cámara de Comercio Internacional reconocen la importancia de colaborar y coordinarse con los agentes del sector privado: "Todas las empresas tienen un papel fundamental que desempeñar para reducir al mínimo la probabilidad de transmisión y el impacto en la sociedad. La adopción de medidas tempranas, audaces y eficaces reducirá los riesgos a corto plazo para los empleados y los costos a largo plazo para las empresas y la economía.[3]


No podemos voltear la vista; los esfuerzos humanitarios no están satisfaciendo las necesidades de las personas a las que dicen que trabajan para beneficiar. Muchos factores explican la frase anterior: sus diversas funciones, fuentes de financiación, mandatos limitados y la falta de una identidad precisa han contribuido a su caótica y confusa imagen pública. [4]

Yemen es un claro ejemplo de la mala imagen pública que están creando las ONGI. Según Human Rights Watch, Arabia Saudita es responsable del bombardeo de miles de civiles en el territorio de sus vecinos del sur [5], pero sigue siendo el principal donante de la crisis de la cual es el principal responsable. Por lo tanto, en las operaciones humanitarias donde las ONGI se asocian con Riad, ha habido denuncias de corrupción y objetivos engañosos en los proyectos donde el Reino está dando el dinero [6].


Dada la forma en que se ha construido y reproducido el sistema, se le ha dado una importancia y centralidad extrema a los donantes y sus intereses. El modelo económico de las ONG desde los años 80 y 90 se basa en los donantes institucionales, produciendo gastos generales y colección de donantes privados; algunas ONG han desarrollado fuertes dependencias (más del 25%) con organismos específicos de cooperación gubernamental.


Por consiguiente, no existiría un sector humanitario sin donantes. Por ello, una parte de estas nuevas crisis consiste en que algunos Estados están constantemente decidiendo en retirar sus contribuciones anuales al sistema de ayuda, por un lado, y que las ONGI se muestran reacias a aplicar medidas de distinto tipo, como la localización, porque amenaza su modelo económico, por otro lado.


El resurgimiento de los programas nacionalistas tiene un potencial turbulento para el sistema humanitario con la posibilidad de que los gobiernos nacionalistas rechacen la ayuda internacional para reforzar su poder soberano. Entre 1984 y 2012, la ayuda humanitaria internacional (toda la ayuda o la ayuda de fuentes específicas) para los grandes desastres naturales fue rechazada dieciséis veces, y los rechazos han aumentado notablemente después de 2005. [7]


La crisis de COVID-19 también está levantando alarmas. Los discursos populistas están ganando popularidad entre los países europeos debido a la mala gestión de la pandemia. En Italia, por ejemplo, la intención de voto favorece al partido de extrema derecha Lega para las próximas elecciones, un partido político que ha defendido la salida de la Unión Europea y que ha abogado por un menor compromiso con las cuestiones humanitarias.


Por ende, la inclusión de otros sectores podría ser beneficiosa para el sector humanitario: los nuevos agentes procedentes del sector privado podrían actuar más como ejecutores que como competidores de las ONG, dejando espacio para un enfoque cooperativo en lugar de conflictivo. Esta es una forma en que la acción humanitaria puede reinventarse y ser más independiente.


Hay empresas privadas a nivel local, regional y nacional que participan actualmente en la prestación de ayuda humanitaria como ejecutores directos. Esto ha traído consigo la posibilidad de privatizar la ayuda en el futuro. Por ejemplo, la contribución del sector privado al tifón de Filipinas y al terremoto de Haití representó el 70%.


Cuando esto finalmente ocurra, es probable que se haga más hincapié en la rendición de cuentas orientada a la calidad ante los beneficiarios de la ayuda. Los beneficiarios seleccionados de la asistencia humanitaria podrían tener la oportunidad de elegir el tipo de servicios a los que se suscriben[8], por lo cual, las personas afectadas por la crisis, tendrían más influencia en el proceso de toma de decisiones.


También se obtiene un beneficio adicional al variar los agentes que participan en las operaciones humanitarias: la creciente influencia de los agentes privados, que suelen centrarse en actividades de alto rendimiento de las inversiones y el empuje de los donantes para obtener una buena relación calidad-precio, presionará a las ONGI para que operen dando prioridad a la eficiencia y la rendición de cuentas, obligándolas a cambiar o a dejar de ser pertinentes. [9]


Por último, muchos de los cambios que se están produciendo en el ecosistema humanitario exigen que los agentes humanitarios cambien su modelo de funcionamiento para adaptarse a un entorno cambiante. Esta transformación dependerá en gran medida de la transferencia de poder a los agentes locales, que siempre han estado en la primera línea de las crisis humanitarias, y de la potenciación genuina de las regiones afectadas por los desastres para responder y reconstruir la sostenibilidad después de las crisis.


Para ello, los actores humanitarios no pueden seguir reproduciendo modelos reaccionarios que al final benefician a las OING y no a las personas afectadas por las crisis. Una forma de hacerlo es dejar de reaccionar a cada crisis que surge de la nada. Ha llegado el momento de tener un plan e incluir metodologías de perspectiva como una forma de analizar mejor los escenarios complejos y de idear diferentes maneras de abordar los desafíos presentes y futuros. Esto es importante porque una vez que se tiene una visión clara de los posibles resultados de un fenómeno, los líderes humanitarios pueden entonces tener formas más precisas de minimizar los impactos de las crisis con las que tenemos que vivir.


REFERENCIAS

[1] Zyck, S. & Kent, R., (2014). Humanitarian Crises, Emergency Preparedness and Response: The Role of Business and the Private Sector. Overseas Development Institute. p.14

[2] Banik, D and Hegertun, N (2017) Why do nations invest in international aid? Ask Norway. And China.

[3] WHO (2020) ICC-WHO Joint Statement: An unprecedented private sector call to action to tackle COVID-19.

[4] Patton, A., (2014). Will the Private Sector “Shut Out” Aid Groups in Emergency Response? Devex

[5] HRW (2020) Yemen.

[6] Slemrod, A and Parker, B (2020) US, UK threaten to cut Yemen aid due to fraud and obstruction; The New Humanitarian.

[7] M. Maietta, E. Kennedy, F. Bourse – Future of Aid: INGOs in 2030, IARAN – 2017, p. 52

[8] The Economist, (2017). A Growing Share of Aid Is Spent by Private Firms, Not Charities, 4 May 2017

[9] Zyck, S. (2015) Private Sector Engagement in Humanitarian Response, Advanced Training Program on Humanitarian Action (ATHA), Podcast, 19 February 2015


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